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Hace tiempo escribí una entrada que se llamaba Meditación, ¿servirá para las arritmias?, en la que presentaba mi visión ante esta práctica y la
cantidad de parafernalia que rodea a algo que es aparentemente muy
sencillo. Algunos me preguntaron si la
práctica de la meditación me había servido para controlar la FA, y a estas
alturas es evidente que no. A mí no me ha resuelto mi problema, mi aurícula ya
está algo dilatada y probablemente mi alteración electrofisiológica sea muy
fuerte, más que la meditación.
Pero la meditación tiene otro aspecto que pocas veces
mencionan los que la practican, y que es muy importante para los que estamos
enfermos. Esto es lo que quiero explicar aquí.
La meditación, en pocas palabras, no es más que un ejercicio
en el que obligas a la mente a pensar en lo que tú quieres durante el tiempo
que te propones. Puede ser el centrar tu atención en la respiración, en
números, en una imagen, frases, mantener un sentimiento de bondad, etc (todas
ellas son formas de meditación centrada en un objetivo), también se puede
meditar intentando estar plenamente consciente en hacer algo y evitar que tu
mente piense en nada mas (meditación de presencia plena o mindfulness).
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Ejemplo de técnica de meditación centrada en un objetivo.En este caso, imaginar una flor de loto en nuestro interior que se abre y se cierra con la respiración. (es.wikihow.com/meditar) |
El ejercicio de la meditación realmente consiste en algo tan
simple como darte cuenta de cuándo pierdes el objetivo que te has propuesto, y
volver a él cuanto antes. A lo largo de la meditación tu mente va a empezar a
divagar y lo va a hacer constantemente, el ejercicio de meditar no consiste más
que en obligar a la mente a volver a pensar en lo que uno quiere, no en lo que
la mente quiere a cada momento. Si tu fuerza de voluntad es alta, volverás una
y otra vez a tu objetivo, si es baja, o no tienes el día fuerte, te darás cuenta
de que tu mente ha estado perdida en ensoñaciones: en lo que tenías que hacer mañana,
en un problema, etc. y apenas habrás
cumplido tu objetivo: pensar en lo que te habías propuesto.
En definitiva la meditación no es más que un ejercicio de
voluntad que haces con tus pensamientos, es decir, no es más o menos difícil
que cualquier otro ejercicio, pero la sutileza de este simplísimo ejercicio
consiste en que uno debe: 1- Darse cuenta de cuando pierde su objetivo mental, (cuanto
antes te des cuenta, mejor será el ejercicio), hay que desarrollar por tanto la atención a
tus pensamientos, y 2- Luchar por evitar que la mente se vaya en ensoñaciones
propias y volver a pensar en el objetivo propuesto. Hay que desarrollar la
voluntad para romper cuanto antes las ensoñaciones y volver una y otra vez al
objetivo propuesto. Con el entrenamiento la mente cada vez divagará menos, y
ello es porque 1- aprendemos a darnos cuenta inmediatamente de cuando se aparta
del objetivo, y 2- porque desarrollamos la voluntad de volver al objetivo.
El ejercicio de la meditación desarrolla por tanto dos aspectos
que son muy importantes para los que estamos enfermos, la primera es la fuerza
de voluntad. Si se medita rutinariamente hay que tener fuerza de voluntad para realizar
el ejercicio, que idealmente debería durar entre 30-60 minutos. ¿Por qué tanto
tiempo? Por la misma razón por la que se necesita tiempo para hacer un deporte,
porque solo si se invierte tiempo en el ejercicio se puede avanzar en los resultados. Una
meditación larga entrena mejor a la mente que meditaciones cortas. Muchas escuelas de meditación proponen incluso
retiros de fines de semana o de más días, algo que solo aconsejo a los ya
entrenados.
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Algunas posturas clásicas para meditar. Cualquier postura sirve, siempre que permita cierta concentración y se mantengan las caderas horizontales, espalda recta y una posición de cabeza adecuada. |
La segunda habilidad que desarrolla la meditación es tan
importante como la primera: la capacidad de detectar en qué momento la mente se
pierde en ensoñaciones que no son el pensamiento que uno se ha fijado. Esto
para mi es lo más importante, la meditación desarrolla la atención a tus
pensamientos. Cuando estás enfermo tiendes a caer frecuentemente en
pensamientos negativos, y la mente termina habituándose a ese estado pesimista
creando un “estado estacionario”, en el que parece que, aunque lo pasamos mal,
no podemos salir, o no vemos salida.
La meditación nos ayuda a detectar cuándo empezamos a entrar
en ese estado pesimista, esta es una de las ventajas más interesantes de la
meditación para mí, el entrenamiento para prestar atención a nuestros
pensamientos y detectar cuándo empiezan a cambiar, cuando nos comienzan a llevar
a situaciones mentales negativas. Este es el punto clave, nuestra mente, ante
una misma situación, puede estar en una posición positiva o una negativa. La
meditación ayuda a detectar en qué momento la mente se va inclinando al lado
negativo, y entonces, con fuerza de voluntad, puede evitarse entrar en dicho
estado e intentar luchar por mantener una actitud positiva.
La meditación nos ayuda a mantenernos en el lado adecuado ya
que nos ayuda a detectar cuando llegan los pensamientos negativos. El último aspecto
de importancia en este punto es el de los recursos mentales a los que acudir si
nos detectamos entrando en el “lado oscuro”. Debe existir previamente un
listado de razones y actitudes que nos ayuden a reforzar la posición optimista
y debilitar la entrada en los pensamientos negativos. Es decir, tiene que haber
un trabajo previo en el cual nos hemos dedicado a buscar razones por las que es
importante conservar el optimismo, o por las que vivir el tiempo que nos quede
de la mejor forma posible es mucho más inteligente que dejarnos dominar por la
enfermedad.
Es muy probable que la meditación no ayude a curarnos si
nuestra enfermedad no tiene cura, pero sí puede ayudarnos a llevar mejor
nuestra vida, sin embargo, como en muchos otros aspectos, que aprendamos a
llevar bien nuestra existencia depende de que entrenemos nuestra fuerza de
voluntad.
Como he comentado, la meditación es un ejercicio de
equilibrio mental que consiste en aprender a estar atentos a nuestros
pensamientos, esta atención en nuestros pensamientos tiene una consecuencia a
la que se llega con el suficiente entrenamiento, y que es algo todavía más
interesante para mí. Con el tiempo y la práctica, a veces, aprendes a ver los
pensamientos como algo ajeno a ti. Es decir, llegas a sentirte como alguien que
separa su yo, su persona, de sus pensamientos, es como si aprendieses a ser un
espectador de lo que la mente produce.
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Puede llegar un punto en el que tu sensación es la de que ya
no te preocupa si tus pensamientos son positivos o negativos, simplemente los ves
llegar e irse con serenidad, como quien ve el mar desde un acantilado y observa
cómo llegan y se alejan las olas. Ese es el objetivo final de muchas escuelas
de meditación, y de gran parte de toda la “liturgia” de las religiones que
utilizan la meditación como su herramienta principal, la de extraerse de toda
sensación, de todo pensamiento, en definitiva, liberarse del “yo”. No es que no
aparezcan los pensamientos, sino que, si se llega a estar entrenado, se puede
lograr que los pensamientos no se queden atrapados en nuestra cabeza, no
afecten a nuestro equilibrio, sino dejar que fluyan a través de uno y se alejen,
como quien los ve desde un acantilado.
Llegar a ese punto creo que solo puede conseguirse cuando se
entrena lo suficiente, yo al menos solo lo alcanzo en contadas ocasiones. Pero
creo que también se llega más rápidamente cuando se adopta una actitud mental
de desapego. Hay quien piensa que el desapego puede ser indiferencia,
pasotismo, insensibilidad ante las cosas o sensaciones, pero no tiene nada que
ver con eso. No se ignora lo que te pasa, simplemente no dejas que lo que pasa
influya en tu equilibrio mental, no dejas que te domine. No es que no sientas,
sino que no te sientes atrapado por tus sentimientos, o por las sensaciones,
sean estas buenas o malas.
Al final de todo el proceso la palabra clave es esa: el
desapego. Desapegarse de los sentimientos, sean positivos o negativos, no
negarlos, no resistirse a ellos ni evitarlos, simplemente no quedarse atrapado en ellos, dejar que lleguen y que con la misma
inconsciencia con la que han llegado, se vayan. Eso es lo que algunos definen
como alcanzar la serenidad interior.
Creo que cuando se consigue no dejarse dominar por los pensamientos,
cuando se llega a ese punto de desapego, uno puede llegar a desapegarse hasta
de la propia vida. Insisto, no es indiferencia ante la vida, es disfrutarla al
máximo pero con la distancia suficiente como para saber que todo es relativo,
que todo puede terminar en cualquier momento y que por tanto de nada sirve
preocuparse por lo que pueda ocurrir en el futuro, por lo que no podemos
controlar y, simplemente, disfrutar el presente.
A esos puntos de equilibrio se llega, creo yo, pocas veces,
por eso es tan importante entrenar la meditación, por esa razón hay que
fortalecer la voluntad para seguir entrenando, buscando los ejercicios, la
gente, los lugares, las motivaciones que nos ayudan a seguir practicando y que
nos ayudan a buscar el punto de desapego.
Por todo ello creo que la meditación puede ser útil para los
que estamos enfermos, pero como en su momento comenté, creo que la meditación tampoco
sirve para todas las personas. No todas las personalidades son adecuadas para realizar
este ejercicio, lo mismo que quien tiene un problema en el pie no va a poder dedicarse a correr, o quien tiene ciertos
defectos físicos no podrá hacer ejercicios que requieran dichas condiciones. Hay personas muy cerebrales o racionales que
no necesitan meditar, o personas con muy poca sensibilidad para las que la
meditación no les va a servir de nada. Existe también el otro extremo, el de
personas excesivamente sensibles para las que la meditación puede crearles
problemas de ansiedad o intranquilidad cuando la practican, o que simplemente
son incapaces de mantener la concentración por su poca fuerza de voluntad.
Si eliminamos estos extremos, creo que al resto del 95% de
la gente, especialmente los que estamos enfermos, la meditación nos puede venir
bien y es un ejercicio que, al menos, merece la pena probar por algún tiempo.
Algunos dicen que, como mínimo, tres meses, pero mi experiencia me dice que es
un ejercicio que requiere más tiempo, realmente es un ejercicio de años, tantos
como los que dure nuestra existencia.
No se puede explicar mejor a veces como dices se rodea de parafernalia algo fácil de contar y difícil de hacer. Ya en el 2013 comenté la entrada a la que te refieres. Tengo la meditación olvidada y me arrepiento, tengo que volver.
ResponderEliminarSiento mucho que no funcionase la ablación, yo con fecha de quirófano y tes meses sin episodios he decidido posponerla.
Ánimo
Gracias Alex, hay épocas en las que necesitamos la meditación y otras no. Yo hay temporadas largas que no la practico, pero es verdad que sí intento aplicar el llamado "mindfulness", o presencia plena, siempre que me acuerdo. Saludos
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