Mostrando entradas con la etiqueta Fibrilación auricular. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fibrilación auricular. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de agosto de 2021

Miedo a la muerte en tiempos de covid

 


Estamos en una época difícil por el Covid, especialmente para la gente mayor y para las personas con problemas de salud. Los que padecemos de corazón, hipertensión, diabetes, y otras patologías somos “personas en riesgo”. Ello implica que infectarnos por el coronavirus nos puede poner las cosas difíciles, por eso la vacuna, aunque no infalible, nos puede ayudar. En el caso de las arritmias, la probabilidad de que reaparezcan las afecciones dormidas, o se agraven la ya existentes, es muy alta. Esta alta probabilidad no solo se da porque el virus ataca las células del corazón y por tanto las favorece, sino tambien porque algunos fármacos utilizados para su cura tienen graves efectos secundarios sobre el corazón, hasta tal punto que varios países ya han prohibido el uso de quininas como tratamiento.

En estos tiempos es normal pensar más en la muerte, y en las probabilidades que tenemos de que, si nos infectamos, terminemos nuestros días solos en la cama de un hospital, sin nadie a nuestro lado.

Yo he tenido momentos de verdadera angustia en este año y medio, no solo por mi, sino por mi familia. Me he angustiado porque mi madre es muy mayor y la infección terminaría con ella con alta probabilidad, me he angustiado por mi hermano que tiene que trabajar como transportista y tiene más riesgo, por mi expareja que trabaja y a veces suele obviar las medidas de seguridad por exceso de confianza. Pero también me he agobiado por mi mismo, porque realmente, cuando la idea me llega a la cabeza me produce una terrible angustia. Si, tengo momentos en los que me da mucho miedo morirme y la angustia me invade, pero cuando pasan unos minutos, empiezo a pensar otras cosas.

Cuando he viajado por otros países he visto grandes diferencias entre nosotros, los países occidentales, y otros países en los que he estado como Brasil, Guinea o Colombia. Me refiero a nuestra actitud ante la muerte. Recuerdo un viaje a Guinea Ecuatorial en el que durante la primera semana en Malabo oímos tambores todos los días durante una semana. Luego nos enteramos que la razón de ese jolgorio era la muerte de un “papa”, un anciano venerado por su tribu. Cuanto más importante era el “papa” más días y más jolgorio se montaba cuando moría. Un día acompañe a mi amigo a otro entierro, para cuya asistencia era condición indispensable comprar algo de alcohol, y así lo hicimos, mi amigo compró unos cartones de vino Don Simón como presente para la familia. Cuando llegamos a la aldea, a unas 2 horas de Malabo, todos estaban bailando y cantando. Me presentaron a la familia del finado y todos tenían una sonrisa serena en su cara, parecía que estuviesen disfrutando el entierro como si fuese una boda para nosotros. La actitud de ninguno de los miembros de su tribu o de su familia era de pesar, y no era por el efecto del vino, ya que no tenían hasta que nosotros se lo llevamos.


 

Sin tanta algarabía he visto la aceptación a la muerte y a la enfermedad en otros sitios, pero siempre en países que consideramos subdesarrollados. En Colombia he visto la paciencia con la que las madres aceptaban las muertes de sus seres queridos, en Brasil la calma y la tranquilidad ante las desgracias. En todos los casos siempre me sorprendió esa aceptación, no había resistencia a la desgracia, era una total resignación tal como la define el diccionario.

Al contrario que las culturas deístas, en las que se asume la existencia de un más allá, y de la eternidad después de esta vida, que es sólo de paso, muchas otras culturas simplemente han aceptado que la vida es así, un ciclo breve de existencia en el que no hemos decidido participar, sino que nuestros padres decidieron por nosotros, y en el que simplemente participamos como mejor podemos. Esta cercanía a la vida sin dramas ni rechazos, sin miedos pero con mucho respeto, e incluso temor por lo vivo, lo he visto en los estratos más humildes de esas sociedades, o en los indígenas que me han guiado en mis excursiones por la selva.

La actitud contraria a la aceptación de la vida tal como es, con sus maravillas y sus desgracias, es lo que domina y se nos ha inculcado en nuestra sociedad occidental. En nuestra cultura se teme todo lo relacionado con la muerte, la muerte y la enfermedad se toman como fracasos, hay que ocultarlos. La gente prefiere mantener en secreto sus problemas de salud, a veces para no dar la sensación de que han" fracasado". Pero también se aísla al enfermo, se le saca de la sociedad, se le oculta, y a menudo incluso él se oculta. No se convive con la enfermedad públicamente, y mucho menos con la muerte. Nadie habla de la muerte, nadie la tiene en cuenta, nadie se prepara para ella. La tribu protectora ha desaparecido y ahora es el estado u otras instituciones, las que se encargan de los enfermos.

Los budistas se pasan toda su vida preparándose para la muerte, la búsqueda del dharma es precisamente vivir el momento para no tener que temer el futuro y así no angustiarse por la certeza de la llegada del bardo, como lo llaman. Sin embargo, un estudio reciente  (Nichols et al. 2018 Cognitive Science 42:314) demuestra que son los budistas, en comparación con cristianos, hinduistas o americanos no creyentes, los que tienen mayor miedo a la muerte, lo que apoya que las ideas que nos formamos de las cosas pueden no tener mucha relación con la realidad. Puede que en los países budistas ocurra lo mismo que en el resto de países creyentes, una cosa son los principios, y otra muy diferente hacerlos propios y aplicarlos. 


 Cuando se tiene una enfermedad crónica del corazón, o cualquier otra enfermedad, y se vive en estos tiempos en los que la muerte está esperándonos en forma de virus, hay que pensar en la muerte, y yo creo que hay que aprender a tenerla presente y prepararse. Alquien dijo una vez que si quieres aceptar tu muerte sin miedo tienes que aprender a vivir sin miedo.  Hay que pensar en la muerte y prepararse para ella, no de forma negativa, dramática, o depresiva. Al contrario, aprender a aceptar la muerte es una actividad intensa que requiere estar constantemente activos.

Los creyentes tienen una gran ventaja, porque si realmente son creyentes, verán la muerte como otra posibilidad, como una transición. Pero esto solo les ocurrirá a los verdaderos creyentes, como a los verdaderos budistas que comenté antes. Reencarnarse, creer en un cielo, en un más allá es uno de los mejores recursos para enfrentarse a la muerte, para quienes realmente crean, claro, porque he visto algunos creyentes resistirse y temer la muerte como el que más. Pero yo no soy creyente, para mi solo hay una vida, y claro que nos reencarnamos, todos estamos hechos con los átomos que antes formaron parte de muchos otros seres, pero cuando nos morimos, todo termina. Todo en nuestra existencia tiene un proceso de nacimiento, desarrollo y muerte: los seres vivos, las sociedades, los países, nuestra tierra, y, posiblemente, hasta nuestro universo.

Creo firmemente que el propósito de la vida no es perdurar, no es llegar a viejos por llegar. Creo que el propósito es avanzar en nuestra esencia, conocernos, evolucionar, experimentar, vivir aceptando la vida todo lo que se pueda, no es tanto acumular experiencias como disfrutar con intensidad y autenticidad lo que se vive. Conozco gente que acumula viajes u otras experiencias como quien acumula sellos, y he conocido gente que no han salido de su país y han disfrutado de su vida plenamente.

Pero lo cierto es que cuando me agobio por el virus y pienso que puede afectarme mortalmente, al rato pienso si mi vida a merecido la pena, y la conclusión es que sí. Yo creo que he tenido mucha suerte en mi vida, he tenido la suerte de tener una producción de endorfinas suficientemente alta como para ser alegre desde niño. Siempre he tenido una visión lúdica de la vida. He sido un apasionado de la mayoría de cosas que he hecho, y nunca he considerado mi profesión un trabajo, sino un verdadero disfrute. Hasta hace muy poco tiempo nunca me preocupé por saber nada que tuviese que ver con mi nómina, siempre me consideré un afortunado porque me pagan por hacer lo que me gusta. He disfrutado mucho de la vida, y lo que creo más importante, he hecho disfrutar a la gente con mi alegría y mi vitalidad. Siempre fui bastante payaso, lo heredé de mi padre y lo desarrollé lo que pude, incluso, aunque brevemente, en el escenario. He sido un profesor al que algunos alumnos han apreciado (lo se por sus comentarios), y he tenido la dicha de haber influido en las trayectorias vitales de varios de ellos,(conozco a varios cuyas profesiones han estado determinadas por mi influencia), y eso, el saber que has influido en la felicidad de la gente, es algo impagable.

He trabajado mucho, sé que puede sonar vanidoso, pero he sido uno de los profesores que mas dinero y proyectos  ha aportado  a mi universidad, lo que quiere decir que he contribuido significativamente a su desarrollo y promoción. He publicado por encima de la media y creo que he contribuido al desarrollo de mi entorno, a la vez que a la protección y mejora de la naturaleza, lo que han sido siempre algunos de mis objetivos personales: entender la vida, mejorar mi sociedad y proteger el medio ambiente para que lo disfruten los que vengan. Pero también he pecado de ambición y de soberbia laboral, muchas veces no he sabido parar, quedarme, disfrutar mejor de lo que había, siempre he generado ideas y mi apasionamiento me ha llevado a querer ejecutarlas, a veces, de forma atropellada y sin pensar en las consecuencias, que suelen ser el estrés y el no poder profundizar lo suficiente. En algunas cosas he pasado muy superficialmente por ellas. Esta ambición laboral creo que ha sido el origen de mi problema de salud. Estoy convencido que mi arritmia ha sido, también (mi padre ya la tenía), favorecida por esta visión apasionada y ambiciosa en mi trabajo, una falta de autocontrol que he pagado con mi salud.

Creo, al menos, que la enfermedad me ayudó a entenderlo y desde entonces he aprendido a disfrutar parte de mi vida como si fuese un jubilado. Si, a alguno le podrá parecer raro, incluso no ético. Pero durante varios años colaboré en el rectordo de la universidad haciendo estadísticas y me di cuenta que había trabajado, a los 45 años, más que el 90 por ciento de mis colegas de universidad en toda su vida laboral. Entonces me percaté que había pagado a la sociedad mucho más de lo que se me pedía, y que tambien lo había pagado con mi salud. Entonces tomé la decisión de que parte de mi tiempo laboral lo utilizaría como si fuese mi tiempo de jubilación ya que hay una alta posibilidad de que no viva hasta la jubilación, o que lo haga en malas condiciones. Así que dejé de trabajar tanto, aprendí a decir que no a muchas cosas, aprendí a seleccionar y a profundizar mejor en lo que hacía. Claro que no ha sido perfecto, porque cuando se tienen ideas cuesta mucho no querer llevarlas a cabo. Pero sí lo he conseguido en buena parte. Como consecuencia, he dedicado parte de mi tiempo a hacer otras cosa que me gustaban, como carpintería, pintura, dibujo, tapicería, fotografía, vela, remo, etc. puedo decir que he aprendido un oficio, el de carpintero, y he entendido el valor del tiempo y del artesano, y sobre todo he aprendido a ver, hacer y entender cosas que antes no veía ni valoraba

También he viajado bastante, siempre creí que ya que hemos tenido la suerte de vivir hay que conocer un poco como es este mundo maravilloso que nos ha tocado. Tal vez he viajado mucho menos de lo que me hubiese gustado, pero la mayoría de las veces lo  he hecho como un viajero, no como un turista, de hecho en muchos sitios he viajado para ir a trabajar, o al menos ese era parte del objetivo del viaje. He visto parte del mundo que me ha tocado vivir, he disfrutado de otras culturas, de otros paisajes de otra gente. Guardo en mi memoria todas esas experiencias como quien ha hecho muchas obras de arte a lo largo de su vida, pero en este caso esas obras solo quedan dentro de mi

Me he sentido muy querido y he querido, pero tambien he sufrido, y he hecho sufrir, desgraciadamente. El problema de los que somos apasionados es que se disfruta y se sufre con intensidades parecidas. He cometido muchos errores, y estoy lejos de haber madurado lo que me hubiese gustado. He sido muy generoso en muchos aspectos de mi vida, pero tambien he tenido un cierto nivel de narcisismo, egoísmo y vanidad que a veces han hecho daño, algo de lo que me arrepentiré siempre, y que hubiese preferido no haber cometido. Me hubiese gustado haber sabido querer mucho mejor de lo que lo he hecho.

Si ahora me muriese, solo lo sentiría por no haber podido evolucionar más, madurar mas y aceptarme y conocerme mucho mejor. Hay gente que dice que se conoce muy bien y yo la admiro, pero yo no puedo decirlo. Me he pasado media vida intentando conocerme y todavía no lo he conseguido, sobre todo porque creo que realmente uno nunca termina por conocerse bien, y eso para mí es una cualidad; como leí una vez “ if you are not dead, you are not done yet”.  Me gustaría tener la sensación de que siempre podré mejorar, de que siempre podré aprender un poco más, de que siempre podré entenderme y entender la vida un poco mejor, de que puedo sorprenderme a mí mismo, de que puedo ser mejor persona. Decía un famoso filósofo que la gente realmente inteligente era gente de una profunda bondad, y yo estoy totalmente de acuerdo, porque la bondad, como la inteligencia, se aprende. Pero tambien hay que ponerle ganas.

Creo por tanto que a mis años he disfrutado mucho de la vida. He tenido suerte porque no he sufrido grandes contratiempos, se lo que es sufrir por la muerte de un padre, por las separaciones y rupturas sentimentales, por los errores que he cometido y que han hecho daño a otras personas, por mi propia enfermedad, pero en comparación con otros que han tenido mucha menos suerte que yo, tengo que considerarme un hombre muy afortunado.

Por ello, cuando me entra el agobio del miedo, hago este balance y entonces simplememte me relajo, dejo de pensar, acepto lo que venga e intento dejar que la vida fluya, luchando siempre por verla con el suficiente desapego.

 

martes, 25 de octubre de 2016

EL MONSTRUO VOLVIO A VERME, Y SE QUEDÓ




No hubo suerte, solo duró un año. Ni siquiera la ablación pudo con ella, mi monstruo, la fibrilación auricular, ha sido más fuerte. Había un 65% de posibilidades, pero como bien saben todos los que están en el lado oscuro de las estadísticas, lo mio son las bajas posibilidades. El monstruo llegó este fin de semana, y se quedó.

Como siempre me ocurre, al principio, cuando la FA aparece, las sensaciones son sutiles, una ligera sensación de un murmullo en el pecho, como una ligerísima taquicardia en mi caso, pero luego, con el paso de las semanas, la sensación se acentúa y empiezan a aparecer la angustia y el cansancio. Es entonces cuando la mente empieza a perder el control y sobrevienen los pensamientos negativos.

Ahora todo es optimismo todavía, aún persiste la inercia mental del ritmo sinusal, con ganas de hacer muchas cosas, de tener ilusión por todo lo que se hace, imaginar, crear, producir (los que no tenemos hijos utilizamos otras estrategias para autorealizarnos), pero con el paso de las semanas esta actitud suele dejarse vencer por la visión negativa, la desesperanza y la pasividad, hasta que llego a un pozo del que ya no puedo bajar, y a partir de ahí, entonces, hasta ahora, solo me ha quedado subir. Siempre he subido porque había una esperanza, la esperanza de una próxima cardioversión, la esperanza de la ablación, la esperanza.

Pero todos los recursos salvadores han ido fallando, y dado que los fármacos no sirven de nada para controlar mi monstruo, supongo que solo me queda la última baza, repetir la ablación. Aquí es donde también ha vuelto el monstruo en el sentido de J.A. Bayona. Una película, por cierto, ideada por una mujer, Siobhan Dowd, que murió a los 47 años de un cáncer de mama sin terminar la novela que estaba preparando. El monstruo de la película es en definitiva la verdad, la verdad de lo que somos, el monstruo del miedo a nosotros mismos y a nuestro destino, el miedo a no aceptar la vida como es. Y ese monstruo ha vuelto a recordarme lo que a veces me olvidaba: mi verdad, mi realidad, el monstruo me ha puesto de nuevo en mi sitio, del que a veces me olvidé para vivir como si siempre hubiese estado sano, como si nunca volviese a enfermar.

Afortunadamente, debo decir, que nunca me olvidé de mi "monstruo". Durante este año siempre tuve ocasiones para recordar que las cosas podían ir mal, para imaginar cómo podía vivir una determinada experiencia, pero estando enfermo con la fibrilación. Realmente nunca tuve el desapego total de mi posible vuelta a la FA. Aquí es donde a veces me he planteado lo que en la película se dice: "creer es parte de la curación". Pero, ¿Se cura uno si se convence de que se va a curar?, ¿tiene más posibilidades de curarse alguien que está convencido que va a superar una enfermedad que alguien que siempre considera la posibilidad de que las cosas puedan ir mal?. ¿Decide nuestra actitud mental nuestra curación?

En parte la película también contesta esa duda, “si se puede curar, se curará” dice el monstruo ,  en definitiva, si una enfermedad es curable, se curará, pero si no lo es, no hay nada que hacer. Es una afirmación tautológica, lo que puede curarse, se terminará curando, es obvio. Probablemente las dos opciones, y sus combinaciones, sea lo que realmente sucede. Hay personas cuya actitud negativa y apesadumbrada no les ayude a recuperarse de una enfermedad. Está sobradamente demostrada la relación entre la actitud mental y la salud. Pero también es verdad que hay mucha gente positiva, profundamente convencida en sanar, que finalmente perdieron la batalla, aunque fuese con una sonrisa . No todo es actitud, la naturaleza, por llamarlo de alguna manera, también tiene su papel. Si tu maquinaria fisiológica no tiene los recursos necesarios para reponerse, es decir si tus genes te han dado esa mala suerte, creo que de nada te sirve la actitud para curarte.

Pero como nadie sabe si genéticamente está predestinado o no, lo inteligente siempre será luchar por mantener una actitud positiva ante las adversidades, luchar por hacer que la mente se olvide de los pensamientos negativos y se centre en vivir el momento, en mantener una actitud optimista, por muy mal que esté la situación. Y esto no solo es conveniente por si la actitud pudiese ayudar a nuestro destino genético, sino porque, incluso en el peor de los casos, aunque todo vaya mal, siempre será mejor llevarlo con una actitud positiva. Hay que evitar a toda costa que la enfermedad te robe el resto de la vida que aún puedes disfrutar, por poca que esta sea. Por eso pienso que, pase lo que pase, no voy a perder mi optimismo, incluso si mi destino ya estuviese escrito prefiero disfrutar el tiempo viviendo con toda la plenitud que pueda, luchar contra la inercia mental de la autocompasión y dejar de lado los pensamientos pesimistas e invalidantes. Me gusta pensar que, ojala, cuando llegue mi momento, que espero sea lo mas tarde posible, pueda irme con una sonrisa.




jueves, 31 de marzo de 2016

Acordarse de la enfermedad, cuando se está sano



Hace tiempo, en una entrada anterior, escribí sobre la necesidad de olvidarme de la enfermedad, del esfuerzo necesario que hay que hacer para que la enfermedad no esté configurando toda nuestra vida, o al menos no aquella parte de nuestra vida que no tiene por qué estar afectada por ella.

Pero tanto ahora, que llevo meses en ritmo sinusal, como hace tiempo, cuando a duras penas conseguía revertir la arritmia después de las cardioversiones, me parecía importante no olvidarme de la enfermedad cuando estoy sano. 

Las razones me parecen lógicas. Por un lado, obligarme a recordar que la arritmia puede llegar en cualquier momento me obliga a disfrutar mejor el presente, a plantearme las cosas de una forma diferente y a tomarme la vida con una actitud mucho más abierta, lúdica y serena. Cuando conduzco, cuando estoy esperando en la fila del supermercado, o en cualquier momento que pueda, intento pensar en la suerte que tengo de no estar mal, e intento acordarme de lo mal que lo he pasado en los momentos de arritmia; esos pensamientos configuran mi mente de una forma tal, que solo por estar bien ya me siento afortunado en el momento en el que lo pienso, por muy tedioso, aburrido o incómodo que pueda ser lo que estoy haciendo.

Por otro lado, pensar en la enfermedad cuando estoy bien creo que también me sirve para estar preparado para el futuro; para poder aceptar con mayor tranquilidad el momento en el que la situación pueda revertirse. Es posible que esta sea una actitud un tanto pesimista: pensar en lo malo antes de que llegue, pero dada mi personalidad, encuentro la situación adecuada porque yo no me obligo a tener pensamientos negativos, lo que me obligo es a imaginarme como podría hacer lo mismo que estoy haciendo, pero sufriendo la arritmia. 

En estos casos intento fijar en mi mente los momentos actuales y pensar qué bueno sería poder hacer lo mismo que estoy haciendo, aunque estuviese en FA. Es decir, entiendo mi proceso como un entrenamiento, como reservar en la memoria la actitud adecuada para poder seguir disfrutando de las cosas, esté o no esté enfermo. 

En el fondo mi lucha es la misma de siempre, hacer que mi actitud ante la vida sea lo más optimista posible, este enfermo o no. Luchar para que, cuando llegue, no sea la enfermedad la que dicte mi actitud vital.

Mi objetivo es intentar luchar por tener el mismo sentido de la vida, independientemente de cual sea mi estado de salud. Hacer este esfuerzo cuando se está bien es muy fácil, lo difícil es conseguirlo cuando se está mal, y creo que para llevar mejor los malos momentos que puedan venir debo entrenarme en los buenos que tengo ahora, lo que, además, me hace disfrutar mejor del presente.


Entiendo esta lucha como un ejercicio de meditación, o como hacer deporte, o como un esfuerzo necesario que sabes que debes hacer aunque no sea lo más cómodo. Lo entiendo como un entrenamiento. Sé que hay personas que no necesitan  de tanta historia para superar los momentos difíciles, que simplemente los aceptan como llegan y los saben llevar, son a esos a los que intento imitar, pero yo tengo que buscar mi camino, y esto es lo que de momento estoy haciendo.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

FACTORES QUE INFLUYEN EN EL ÉXITO DE UNA ABLACIÓN. La clasificación de Utah








Por razones de trabajo tuve que irme a Utah (Estados Unidos) por unos meses. Preocupado como estoy en saber cuándo entro en fibrilación (solía hacerme un electro mensualmente hasta que conseguí un ECG de bolsillo) busqué en internet un sitio donde poder hacerlo. Al escribir en Google “atrial fibrillation”, encuentro una entrada al Utah University Hospital donde se encuentra el CARMA (Comprenhensive arrhythmia reseach and management center), especializado en arritmias. Después de navegar por la página descubro que tiene un grupo especializado en fibrilación auricular y varias publicaciones, por lo que me decido a pedir una cita.  

Escribí un par de correos electrónicos a una dirección que aparecía en la página web, pero como después de un par de semanas no obtuve contestación, al final llamé para solicitar una cita, no sin antes preguntar cuál sería el precio de la consulta, ya que nuestro sistema sanitario te obliga a pagar primero y reclamarlo después. La persona de la oficina de finanzas me comunica que sólo por la consulta con el médico me podrían cobrar entre 300 y 500$, a esto habría que añadir los estudios que el médico considerase oportunos (ECG, tensión arterial, etc.), pero como el  único estudio que quiero es un ECG, le solicito el precio y me lo indica: 300$. No obstante, como le digo que no tengo seguro y tengo que pagarlo de mi bolsillo, la señora me dice que entonces tendría una rebaja del 30%. 

La revisión de las publicaciones realizadas por el equipo me lleva a unos interesantes artículos en los cuales se presenta un método que predice el éxito de la ablación según el grado de fibrosis de la aurícula izquierda. La fibrosis, o formación de tejido fibroso en la aurícula, es una consecuencia de la sobreexcitación de la aurícula, que al contraerse irregular y continuamente genera  una anomalía histológica. La fibrosis está relacionada con el grado de persistencia de la fibrilación, cuanto más fibrosis, más persistente es la fibrilación y por tanto menor probabilidad de que la ablación tenga éxito.







Porcentaje de fibrosis en la aurícula y clasificación Utah a la que corresponde



Para hacer el estudio se necesita una imagen de resonancia magnética (MRI) y una sustancia de contraste (gadolinio) que permite diferenciar las zonas con fibrosis. Según el resultado de la fibrosis se predice el % de recurrencia de la fibrilación después de la ablación. Así, como indica la figura superior, si hay menos del 5% de fibrosis el éxito de la ablación es del 100%, disminuyendo al 70% en la clase Utah II, 60% para Utah III, e inferior al 50% en el tipo Utah IV.



Mi corazón



Cuando asistí a la consulta del Dr. Marrouche, un hombre joven que parecía tener alrededor de 40 años, este me propuso formar parte de un estudio que están desarrollando sobre FA, lo que me facilitó la posibilidad de tener gratuitamente las imágenes de resonancia magnética de mi aurícula. Solo tuve que levantarme pronto y estar en el hospital Universitario a las 8 de la mañana. Me pusieron una vía y estuve unos 40 mins metido en el aparato, que por cierto, hace un ruido horrible. A mitad de la sesión me informaron que me inyectaban la sustancia de contraste (gadolinio), que iría expulsando luego poco a poco de mi cuerpo. Como buenos americanos, previamente se me expuso con todo lujo de detalles los pros y contras del procedimiento, y me hicieron firmar media docena de papeles de consentimiento.




 

Vistas laterales de mi aurícula izquierda. En azul las zonas normales, en verde y blanco aquellas que tienen fibrosis. 
El % de fibrosis es del 11% (clase Utah II)




Lo curioso es que, después de tanto estudio y análisis, la conclusión a la que llegó el Dr. Marrouche fue la misma que la que ya habían llegado el resto deespecialistas que había consultado: mi probabilidad de éxito de la ablación está entre el 65-70%. Es decir, cualquier especialista en FA es capaz de predecir el éxito de la intervención sin necesidad de una MRI


 Referencias

Oakes R.S. et al.  2009. Detection and quantification of left atrial structural remodeling with delayed-enhancement magnetic resonance imaging in patiens with atrial fibrillation. Circulation 119:1758-1767
Akoum N. et al. 2011. Atrial fibrosis helps select the appropiate patient and strategy in catheter ablation of atrial fibrillation: a DE-MRI guide approach. J. Cardiovasc. Electrophysiol. 22: 16-22
Vergara G.R., Marrouche N.F. 2010 Tailored management of atrial fibrillation using a LGE-MRI based model: From the clinic to the electrophysiology laboratory. J. Cardiovascular Electrophysiology