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martes, 1 de noviembre de 2016

Meditación, una ayuda para mantener una buena actitud ante la enfermedad

www.lamenteesmaravillosa.com




Hace tiempo escribí una entrada que se llamaba Meditación, ¿servirá para las arritmias?, en la que presentaba mi visión ante esta práctica y la cantidad de parafernalia que rodea a algo que es aparentemente muy sencillo.  Algunos me preguntaron si la práctica de la meditación me había servido para controlar la FA, y a estas alturas es evidente que no. A mí no me ha resuelto mi problema, mi aurícula ya está algo dilatada y probablemente mi alteración electrofisiológica sea muy fuerte, más que la meditación.

Pero la meditación tiene otro aspecto que pocas veces mencionan los que la practican, y que es muy importante para los que estamos enfermos. Esto es lo que quiero explicar aquí.

La meditación, en pocas palabras, no es más que un ejercicio en el que obligas a la mente a pensar en lo que tú quieres durante el tiempo que te propones. Puede ser el centrar tu atención en la respiración, en números, en una imagen, frases, mantener un sentimiento de bondad, etc (todas ellas son formas de meditación centrada en un objetivo), también se puede meditar intentando estar plenamente consciente en hacer algo y evitar que tu mente piense en nada mas (meditación de presencia plena o mindfulness).

Ejemplo de técnica de meditación centrada en un objetivo.En este caso, imaginar una flor de loto en nuestro interior que se abre y se cierra con la respiración. (es.wikihow.com/meditar)


El ejercicio de la meditación realmente consiste en algo tan simple como darte cuenta de cuándo pierdes el objetivo que te has propuesto, y volver a él cuanto antes. A lo largo de la meditación tu mente va a empezar a divagar y lo va a hacer constantemente, el ejercicio de meditar no consiste más que en obligar a la mente a volver a pensar en lo que uno quiere, no en lo que la mente quiere a cada momento. Si tu fuerza de voluntad es alta, volverás una y otra vez a tu objetivo, si es baja, o no tienes el día fuerte, te darás cuenta de que tu mente ha estado perdida en ensoñaciones: en lo que tenías que hacer mañana, en un problema, etc.  y apenas habrás cumplido tu objetivo: pensar en lo que te habías propuesto.

En definitiva la meditación no es más que un ejercicio de voluntad que haces con tus pensamientos, es decir, no es más o menos difícil que cualquier otro ejercicio, pero la sutileza de este simplísimo ejercicio consiste en que uno debe: 1- Darse cuenta de cuando pierde su objetivo mental, (cuanto antes te des cuenta, mejor será el ejercicio),  hay que desarrollar por tanto la atención a tus pensamientos, y 2- Luchar por evitar que la mente se vaya en ensoñaciones propias y volver a pensar en el objetivo propuesto. Hay que desarrollar la voluntad para romper cuanto antes las ensoñaciones y volver una y otra vez al objetivo propuesto. Con el entrenamiento la mente cada vez divagará menos, y ello es porque 1- aprendemos a darnos cuenta inmediatamente de cuando se aparta del objetivo, y 2- porque desarrollamos la voluntad de volver al objetivo.

El ejercicio de la meditación desarrolla por tanto dos aspectos que son muy importantes para los que estamos enfermos, la primera es la fuerza de voluntad. Si se medita rutinariamente hay que tener fuerza de voluntad para realizar el ejercicio, que idealmente debería durar entre 30-60 minutos. ¿Por qué tanto tiempo? Por la misma razón por la que se necesita tiempo para hacer un deporte, porque solo si se invierte tiempo en el ejercicio  se puede avanzar en los resultados. Una meditación larga entrena mejor a la mente que meditaciones cortas.  Muchas escuelas de meditación proponen incluso retiros de fines de semana o de más días, algo que solo aconsejo a los ya entrenados.

Algunas posturas clásicas para meditar. Cualquier postura sirve, siempre que permita cierta concentración y se mantengan las caderas horizontales, espalda recta y una posición de cabeza adecuada.
 
La segunda habilidad que desarrolla la meditación es tan importante como la primera: la capacidad de detectar en qué momento la mente se pierde en ensoñaciones que no son el pensamiento que uno se ha fijado. Esto para mi es lo más importante, la meditación desarrolla la atención a tus pensamientos. Cuando estás enfermo tiendes a caer frecuentemente en pensamientos negativos, y la mente termina habituándose a ese estado pesimista creando un “estado estacionario”, en el que parece que, aunque lo pasamos mal, no podemos salir, o no vemos salida.

La meditación nos ayuda a detectar cuándo empezamos a entrar en ese estado pesimista, esta es una de las ventajas más interesantes de la meditación para mí, el entrenamiento para prestar atención a nuestros pensamientos y detectar cuándo empiezan a cambiar, cuando nos comienzan a llevar a situaciones mentales negativas. Este es el punto clave, nuestra mente, ante una misma situación, puede estar en una posición positiva o una negativa. La meditación ayuda a detectar en qué momento la mente se va inclinando al lado negativo, y entonces, con fuerza de voluntad, puede evitarse entrar en dicho estado e intentar luchar por mantener una actitud positiva.



La meditación nos ayuda a mantenernos en el lado adecuado ya que nos ayuda a detectar cuando llegan los pensamientos negativos. El último aspecto de importancia en este punto es el de los recursos mentales a los que acudir si nos detectamos entrando en el “lado oscuro”. Debe existir previamente un listado de razones y actitudes que nos ayuden a reforzar la posición optimista y debilitar la entrada en los pensamientos negativos. Es decir, tiene que haber un trabajo previo en el cual nos hemos dedicado a buscar razones por las que es importante conservar el optimismo, o por las que vivir el tiempo que nos quede de la mejor forma posible es mucho más inteligente que dejarnos dominar por la enfermedad.

Es muy probable que la meditación no ayude a curarnos si nuestra enfermedad no tiene cura, pero sí puede ayudarnos a llevar mejor nuestra vida, sin embargo, como en muchos otros aspectos, que aprendamos a llevar bien nuestra existencia depende de que entrenemos nuestra fuerza de voluntad. 

Como he comentado, la meditación es un ejercicio de equilibrio mental que consiste en aprender a estar atentos a nuestros pensamientos, esta atención en nuestros pensamientos tiene una consecuencia a la que se llega con el suficiente entrenamiento, y que es algo todavía más interesante para mí. Con el tiempo y la práctica, a veces, aprendes a ver los pensamientos como algo ajeno a ti. Es decir, llegas a sentirte como alguien que separa su yo, su persona, de sus pensamientos, es como si aprendieses a ser un espectador de lo que la mente produce.

www.shurya.com
 
Puede llegar un punto en el que tu sensación es la de que ya no te preocupa si tus pensamientos son positivos o negativos, simplemente los ves llegar e irse con serenidad, como quien ve el mar desde un acantilado y observa cómo llegan y se alejan las olas. Ese es el objetivo final de muchas escuelas de meditación, y de gran parte de toda la “liturgia” de las religiones que utilizan la meditación como su herramienta principal, la de extraerse de toda sensación, de todo pensamiento, en definitiva, liberarse del “yo”. No es que no aparezcan los pensamientos, sino que, si se llega a estar entrenado, se puede lograr que los pensamientos no se queden atrapados en nuestra cabeza, no afecten a nuestro equilibrio, sino dejar que fluyan a través de uno y se alejen, como quien los ve desde un acantilado.


Llegar a ese punto creo que solo puede conseguirse cuando se entrena lo suficiente, yo al menos solo lo alcanzo en contadas ocasiones. Pero creo que también se llega más rápidamente cuando se adopta una actitud mental de desapego. Hay quien piensa que el desapego puede ser indiferencia, pasotismo, insensibilidad ante las cosas o sensaciones, pero no tiene nada que ver con eso. No se ignora lo que te pasa, simplemente no dejas que lo que pasa influya en tu equilibrio mental, no dejas que te domine. No es que no sientas, sino que no te sientes atrapado por tus sentimientos, o por las sensaciones, sean estas buenas o malas.

Al final de todo el proceso la palabra clave es esa: el desapego. Desapegarse de los sentimientos, sean positivos o negativos, no negarlos, no resistirse a ellos ni evitarlos,  simplemente no quedarse atrapado  en ellos, dejar que lleguen y que con la misma inconsciencia con la que han llegado, se vayan. Eso es lo que algunos definen como alcanzar la serenidad interior.  Creo que cuando se consigue no dejarse dominar por los pensamientos, cuando se llega a ese punto de desapego, uno puede llegar a desapegarse hasta de la propia vida. Insisto, no es indiferencia ante la vida, es disfrutarla al máximo pero con la distancia suficiente como para saber que todo es relativo, que todo puede terminar en cualquier momento y que por tanto de nada sirve preocuparse por lo que pueda ocurrir en el futuro, por lo que no podemos controlar y, simplemente, disfrutar el presente.


A esos puntos de equilibrio se llega, creo yo, pocas veces, por eso es tan importante entrenar la meditación, por esa razón hay que fortalecer la voluntad para seguir entrenando, buscando los ejercicios, la gente, los lugares, las motivaciones que nos ayudan a seguir practicando y que nos ayudan a buscar el punto de desapego.

Por todo ello creo que la meditación puede ser útil para los que estamos enfermos, pero como en su momento comenté, creo que la meditación tampoco sirve para todas las personas. No todas las personalidades son adecuadas para realizar este ejercicio, lo mismo que quien tiene un problema en el pie no  va a poder dedicarse a correr, o quien tiene ciertos defectos físicos no podrá hacer ejercicios que requieran dichas condiciones.  Hay personas muy cerebrales o racionales que no necesitan meditar, o personas con muy poca sensibilidad para las que la meditación no les va a servir de nada. Existe también el otro extremo, el de personas excesivamente sensibles para las que la meditación puede crearles problemas de ansiedad o intranquilidad cuando la practican, o que simplemente son incapaces de mantener la concentración por su poca fuerza de voluntad.

Si eliminamos estos extremos, creo que al resto del 95% de la gente, especialmente los que estamos enfermos, la meditación nos puede venir bien y es un ejercicio que, al menos, merece la pena probar por algún tiempo. Algunos dicen que, como mínimo, tres meses, pero mi experiencia me dice que es un ejercicio que requiere más tiempo, realmente es un ejercicio de años, tantos como los que dure nuestra existencia.


lunes, 3 de junio de 2013

Cada médico es un mundo, cada paciente, también



El mes pasado se dieron las circunstancias para consultar otros especialistas, retrasar un poco la cardioversión que teníamos programada, y confirmar con mi cardiólogo cual sería el siguiente paso. Tuve suerte y en poco tiempo pude visitar al Dr. Brugada en Barcelona y al Dr. Merino en Madrid (al Dr. García-Bolao ya le había visitado)

Mi fibrilación es asintomática, pero persistente (aunque yo la defino como permanente). Las FA persistentes tienen peor pronóstico que las paroxísticas. En la paroxística, tanto las ablaciones como las medicaciones antiarrítmicas suelen dar mejor resultado por lo que la degeneración auricular no es tan acentuada ni tan rápida como en la FA persistente.

Aunque los tres especialistas coincidieron en la baja tasa de éxito de mi ,más que probable, ablación, las diferencias en sus decisiones fueron claras. Uno sugirió que en mi caso las cardioversiones son una pérdida de tiempo y que debo ir cuanto antes a la ablación, y los otros dos proponen la via farmacológica apoyada por la cardioversión, pero difieren en la estrategia. Para uno debe probarse con amiodarona como tratamiento a corto plazo, para otro sería mejor apoyarse en la flecainida, y utilizarla como tratamiento permanente después de la cardioversión.


Como uno de ellos me dijo," cada médico tenemos nuestras opiniones, y al final es el paciente el que debe decidir que hacer cuando los pronósticos a largo plazo no están claros". Si tu personalidad es más conservadora intentarás agotar los pasos previos, si no se es tan conservador se puede decidir ir directamente al paso final. Si se prefiere no sufrir las consecuencias ni los riesgos de los tratamientos siempre se puede decidir no hacer nada. Realmente, y hasta que no se publiquen los resultados de los estudios, no hay evidencias empiricas que demuestren que, en casos como el mio, la ablación (si fuese exitosa) sea mejor que la no-acción.

Al final, mi médico ha preferido insistir en su opción inicial, serán dos semanas de amiodarona y cardioversión la tercera, prefiere fiarse de su experiencia que aplicar las sugerencias de las Guías clínicas, veremos que ocurre.

Aqui dejo un resumen de las consultas.



Dr. 1
Dr.2
Dr.3
Propuesta de actuación
1.No hacer nada
2.Ablación auricular (AVP)

1- No hacer nada
2- Cardioversión (CV)
3- AVP
1-No hacer nada
2-Cardioversión
3-AVP
Efectos de la FA a largo plazo (si no se hace nada)
Dilatación auricular. No tiene por qué haber efectos sobre otras partes del corazón
Dilatación auricular. No tiene por qué  haber otros efectos sobre el corazón.
Cita los pronósticos de la Guía. (fibrosis, dilatación, futura insuficiencia)
Pronóstico de vida en FA
desconocido
Desconocido. 10 años en personas mayores de 65-70 años
Desconocido. Sin síntomas mismo que población general. Doble prob de muerte y x5 prob de ACV (Guía)
Efectos o consecuencias de la AVP  a largo plazo
Ninguna en principio
En los 10 años de experiencia no se han observado efectos secundarios. Pendientes del estudio
Existen todavía pocos datos. Pocos años de experiencia. Fibrosis.
% de éxito de la ablación en mi caso
60-65%. Disminuyendo con el tiempo.
Re-ablación si falla
60-65%
60%
Fallos de la CV. Comentarios
No comentario
Difícil que falle. Siempre funciona aunque sea por poco tiempo
Me solicita informe de la CV. Fallos de potencia?. Posición de electrodos?. Mejor ayudarla con antiarrítmicos (Apocard)
Preferencia de actuación
Decisión del paciente.
La CV es un remedio muy temporal, probablemente ineficaz. Riesgo muy alto de efectos secundarios por  la amiodarona.
Ablación como primera opción.

Decisión del paciente.
Primero probar otra CV con antiarrítmico (trangorex) + sintrón y trangorex max. 6 meses (¿?)
Luego APV
Difícil. No cumplo las condiciones para la  AVP de la Guía. La ablación tiene riesgos, (2-3% prob.) 1ºDerrame pericárdico, 2ºproblemas vasculares, 3º estenosis vena pulmonar, 4º fístula (1/000)..  Probar la CV: flecainida (1mes)+CV+ flecainida permanente
Estrategia de ACO
Seguir CHADS2. El riesgo de la ACO es mayor que su ausencia cuando CHADS2=0
La ACO es necesaria como estrategia permanente siempre que haya FA. Probablemente buen candidato para otro ACO con menos control
Seguir CHADS2. No ACO si no hay intervención.
CONCLUSIÓN
Decisión del paciente. Ablación
Decisión del paciente
Cardioversión con amiodarona
Decisión del paciente.
Agotar la vía farmacológica de control de la FA, cardioversión con flecainida.